Ya voy tarde y me quedo sin café. Me toca cepillado de dientes en el trabajo. Mi mente, sin mi permiso, empieza a dibujar un atasco apocalíptico que crece y crece como mi ansiedad.
Cartera localizada, monedero en su sitio, los teléfonos, el tabaco, el mechero... ¿dónde está la bufanda? Me giro. La veo en el mueble chino. "En el mueble chino" -me insisto. Voy a por ella. Vuelvo a la puerta, tengo todo. ¿Tengo todo? ¿Qué coño hace en mi mano una latita de té de jazmín? ¿dónde está la puta bufanda?
En el mueble chino.
¡En el mueble chino!
viernes, 27 de enero de 2017
jueves, 23 de abril de 2015
Pájaros muertos
En la inercia no hay respuestas, hay que intervenir para moldear el destino.
Un intervención de Banco de España ha roto la inercia. Yo camino en traje de raya diplomática por un complejo industrial, haciendo tiempo para una entrevista. Porque he llegado antes. Antes de que las calles estén puestas y con el aplomo del primer rayo de sol de la primavera.
En mis pasos lentos y pausados he recordado el mes funambulista del aterrizaje en Madrid en el que no tenía nada, y vagaba por Madrid en busca de mi nuevo yo, Segundamano en mano. Al menos era Madrid. Hoy se trata de un descampado sin desbrozar. El agravio comparativo está ahí, pienso, mientras observo un gorrión muerto y descabezado en una de las aceras de mi paseo.
Hora y media de reconocimiento con la directora de recursos humanos. Un resumen de mis aptitudes. Un trabajo cruel encima de la mesa. De esos que te encapsulan en la soledad, de los que tomas consciencia a la hora de comer, cuando nadie te acompaña.
De vuelta en la calle, el gorrión muerto y descabezado en la misma acera de la puerta que representa mi salto al vacío.
Hay que tomar nota de las señales, y me ha pillado sin cuaderno.
Un intervención de Banco de España ha roto la inercia. Yo camino en traje de raya diplomática por un complejo industrial, haciendo tiempo para una entrevista. Porque he llegado antes. Antes de que las calles estén puestas y con el aplomo del primer rayo de sol de la primavera.
En mis pasos lentos y pausados he recordado el mes funambulista del aterrizaje en Madrid en el que no tenía nada, y vagaba por Madrid en busca de mi nuevo yo, Segundamano en mano. Al menos era Madrid. Hoy se trata de un descampado sin desbrozar. El agravio comparativo está ahí, pienso, mientras observo un gorrión muerto y descabezado en una de las aceras de mi paseo.
Hora y media de reconocimiento con la directora de recursos humanos. Un resumen de mis aptitudes. Un trabajo cruel encima de la mesa. De esos que te encapsulan en la soledad, de los que tomas consciencia a la hora de comer, cuando nadie te acompaña.
De vuelta en la calle, el gorrión muerto y descabezado en la misma acera de la puerta que representa mi salto al vacío.
Hay que tomar nota de las señales, y me ha pillado sin cuaderno.
lunes, 20 de abril de 2015
viernes, 13 de enero de 2012
La Última Primavera (o la Menstruación de la edad de Nadie)
Dicen que los que van a morir tienen un baño de lucidez en los días previos al deceso. Y yo no sé si estoy mudando piel o si voy a morirme pronto, el hecho es que de unos días para acá tengo descontrol emocional y una posición tan desequilibrada como clarividente ante los hechos inexorables que van cayendo como bloques de hormigón lanzados por lo menos desde Plutón en medio de una playa inmensa. Y a lo mejor me estoy muriendo y por eso lo veo todo en el sitio en el que está. Y a lo mejor sólo es una muda que tengo que hacer para que me salgan las nuevas alas. Una suerte de menstruación vírica que dura unos días y cuando dejas de sangrar has subido cien peldaños.
Se acaba la paciencia más por inercia que por estrés.
En un estanque donde el agua es la misma desde hace años.
Hay que salir de aquí, arpón en mano.
Se acaba la paciencia más por inercia que por estrés.
En un estanque donde el agua es la misma desde hace años.
Hay que salir de aquí, arpón en mano.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Aurora Borealis
Son esas personas que se escapan de su cuerpo por los poros
de la piel. Como nadie supo explicarlo hemos inventado un nombre: aura. Son
quienes siguen vivos aún después de morir porque su aura lo sacó de su cuerpo y
se quedó entre nosotros. Son quienes llenan nuestros huecos yermos. Son
quienes siguen llenándolos años después de haberse ido. La Existencia que deja olores
que se siguen percibiendo cuando cierras los ojos.
El resto, nosotros, dedicamos nuestra vida a inventar
nombres que expliquen lo que ellos han dejado por aquí, junto al único don que nos corresponde: la capacidad de reconocerlos.
martes, 22 de noviembre de 2011
Sobrevivir a la Propaganda
Desde pequeño las imágenes en blanco y negro me han trasladado lejanía e irrealidad. Las fotos de los ancestros, deterioradas y sin nitidez, me separaban del pasado mucho más tiempo del que era en realidad. Sin embargo, la segunda guerra mundial no dista del año en que nací mucho más que mi edad. Y, sin alejarse tanto, el horror está tan cerca nuestra que ha ocurrido hoy mismo en cualquier sitio del mundo.
Ver el vídeo de la muerte de Gadafi, a Hitler en color planificando campañas sonriendo como si fuera una imagen de las noticias; o a Winston Churchill, de ser un nombre impreso en un papel, a ser una persona cualquiera con quien me podría tropezar. ¿A quién no le perturba?
Y tal vez, si hubiera sido un joven alemán, me habría parecido lógico humillar a los ganadores de las guerras anteriores. Me habría dejado llevar con pasión por el engaño de la propaganda de Adolf, igual que de niño me dejé atrapar por propagandas contemporáneas que no me llevaron a ningún sitio. Siempre es mucha gente gritándose lo mismo unos a otros. El poder del sincronismo. La protección del grupo, que se convierte en río.
Haber sobrevivido y ser consciente de haberlo hecho. Por eso soy libre.
viernes, 28 de octubre de 2011
Islandia
El mundo fue un sitio que no dominaba el hombre.
Donde hubo lugares a los que se podía ir y que no hubiera nadie más.
En los Cliffs de Moher, cuando me asomé al precipicio y las gotas del mar volaban hacia arriba.
Y yo quería volar.
Cuando Sanlúcar se terminaba, porque se la comía el mar.
Terrones de tierra comidos a bocados.
Montañas enteras. Dónde están.
Mis padres. El Renault 7. El mar royendo la parcela del acantilado.
Las propiedades al carajo.
Un faro borroso.
El viento.
Todo eso. Dónde está.
Donde hubo lugares a los que se podía ir y que no hubiera nadie más.
En los Cliffs de Moher, cuando me asomé al precipicio y las gotas del mar volaban hacia arriba.
Y yo quería volar.
Cuando Sanlúcar se terminaba, porque se la comía el mar.
Terrones de tierra comidos a bocados.
Montañas enteras. Dónde están.
Mis padres. El Renault 7. El mar royendo la parcela del acantilado.
Las propiedades al carajo.
Un faro borroso.
El viento.
Todo eso. Dónde está.
lunes, 10 de octubre de 2011
Mudas sucias
Estoy entre que algo ha cambiado y que sigo a medias de todo.
Hoy termina un proceso que empezó hace dos meses y medio, cuando me caí de la bici en el Puerto de Santa María. Esa tarde mi mente temblorosa vacilaba entre comprender lo que significaba tener reventado el radio del brazo derecho e inducir tranquilidad en los corazones de mis padres. Mis padres, a mi lado en todo momento, intentaron comportarse como si yo siguiese teniendo doce años. Mamá explicó al médico que yo siempre había sido muy sufrido y soportaba muy bien el dolor.
G. estaba en todas partes. En Cádiz, en Madrid, en el desierto. Antes de entrar en el quirófano. Tras mis párpados al salir de allí. Sólo estuvo él, su pánico al volante y mi familia al otro lado del teléfono.
He crecido durante semanas en el fisioterapeuta.
He sacado adelante un examen pendiente.
He intentado comprender por qué no soy escritor.
He esperado en vano sentado en la ventana la llegada del olor a lluvia.
He ido y vuelto aquí y allá varias veces.
Mi casa ya no está llena de pelos de gato.
Han vuelto las plantas sin nombre.
Y yo me arrancaría trozos de piel muerta.
Hoy termina un proceso que empezó hace dos meses y medio, cuando me caí de la bici en el Puerto de Santa María. Esa tarde mi mente temblorosa vacilaba entre comprender lo que significaba tener reventado el radio del brazo derecho e inducir tranquilidad en los corazones de mis padres. Mis padres, a mi lado en todo momento, intentaron comportarse como si yo siguiese teniendo doce años. Mamá explicó al médico que yo siempre había sido muy sufrido y soportaba muy bien el dolor.
G. estaba en todas partes. En Cádiz, en Madrid, en el desierto. Antes de entrar en el quirófano. Tras mis párpados al salir de allí. Sólo estuvo él, su pánico al volante y mi familia al otro lado del teléfono.
He crecido durante semanas en el fisioterapeuta.
He sacado adelante un examen pendiente.
He intentado comprender por qué no soy escritor.
He esperado en vano sentado en la ventana la llegada del olor a lluvia.
He ido y vuelto aquí y allá varias veces.
Mi casa ya no está llena de pelos de gato.
Han vuelto las plantas sin nombre.
Y yo me arrancaría trozos de piel muerta.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Adolescencia tecnológica
La época en la que sólo algunos tenían portátil y los mortales hacían corrillo alrededor. O incluso antes, cuando alguien tenía grabadora y lo juegos se pirateaban emulando lectores de CD. Como nadie podía montar en su casa una red Novell con cables coaxiales y tarjetas de red con T, una partida en red se hacía con un cable serie RS 232 de 20 metros. Las noches de DOOM nunca terminaban, la droga del uno contra uno. Los ejércitos del Command & Conquer que había que colocar estratégicamente antes de lanzar un primer y escuálido ataque. Ahora el misterio dura menos. Un móvil hace más que una LAN conectada a una WAN con un transceiver cableado con 100 BASE T. Todo lo que podía hacer un i80486 ahora lo hace un gracioso programita en flash.
Pero todo es mentira. Todo es simulación. No hemos conseguido nada. Todo son hologramas, proyecciones, traducciones, intérpretes, entornos, virtualización, frontales y Social Media. Lo único que aún queda de todo aquello que hemos superado es el teclado. La distancia entre un teclado y una pirámide de Egipto no es tanta. Y el Hombre Qwerty aún no ha sido capaz de superar lo que el Hombre que creía en Dios fue capaz de hacer. Y aún hay quien no duda que en quince años dejaremos de ser el Hombre Qwerty, cambiando el teclado por naves espaciales. No tendremos que superar antes el Interfaz? ¿O quizás no veo lo suficiente Redes?
Pero todo es mentira. Todo es simulación. No hemos conseguido nada. Todo son hologramas, proyecciones, traducciones, intérpretes, entornos, virtualización, frontales y Social Media. Lo único que aún queda de todo aquello que hemos superado es el teclado. La distancia entre un teclado y una pirámide de Egipto no es tanta. Y el Hombre Qwerty aún no ha sido capaz de superar lo que el Hombre que creía en Dios fue capaz de hacer. Y aún hay quien no duda que en quince años dejaremos de ser el Hombre Qwerty, cambiando el teclado por naves espaciales. No tendremos que superar antes el Interfaz? ¿O quizás no veo lo suficiente Redes?
lunes, 23 de mayo de 2011
Carril bici
¿Por qué podría poner alguien -un crío adolescente destartalado, irresponsable a todas luces- una hoja de nosequé árbol, con mucha clorofila y que traspasa algo de luz, pero muy verde y muy grande, sobre un hormiguero al que le está dando el sol?
Ni siquiera iba solo. Iban tres, aumentando la probabilidad considerablemente de idiotizar. Iban a ningún sitio. Él, el más largo, el que andaba peor. En la mano bailando arriba y abajo la tremenda hoja verde. Y el hormiguero se cruzó en su camino. Y paf. Ahí la plantó.
Mis paseos en bici son reveladores.
Ni siquiera iba solo. Iban tres, aumentando la probabilidad considerablemente de idiotizar. Iban a ningún sitio. Él, el más largo, el que andaba peor. En la mano bailando arriba y abajo la tremenda hoja verde. Y el hormiguero se cruzó en su camino. Y paf. Ahí la plantó.
Mis paseos en bici son reveladores.
miércoles, 18 de mayo de 2011
El Visionario
Lo que más miedo me da de volver a estancias del pasado es no reconocerlas. Que el sitio ya sea otro. Por eso, y no por lo fantasmas, volver a lo que de niño era mi casa se me hace cuesta arriba. Son las erupciones cutáneas que los médicos no saben explicar, estos pequeños granos en la vida que van por ahí sin cabos a los que agarrarse. Son una torta en la cara que me grita que no tengo el timón. El visionario de Las Horas se lanzó por la ventana porque no pudo soportarlo más. Quizás podamos clasificarnos en quienes aún lo soportan y quienes ya no.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Volver a encender un pitillo
Algo que ya existe en algún sitio.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.
De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.
Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.
De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.
Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.
miércoles, 30 de marzo de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
Casualidad Imposible
Quién ha dicho que alguien no pueda demostrar que el accidente casual no era más que un asesinato mal planificado.
martes, 14 de diciembre de 2010
Mi corbata de hoy...
... tiende a darse la vuelta, mostrando su peor cara en el momento más inapropiado. La acompaña, además, cualquiera de mis camisas que se encapriche y escape al cinturón, descubriendo mi flotadorcillo avergonzante. Y en tres plantas de ascensor nunca tengo tiempo de arreglarlo. Sería sencillo con diez kilos menos. Podría volver. Volver a algo... a un sitio donde, incapaz de reconocer precisamente ahora, podría hacerme sentir a gusto.
Callejeros hoy ha estado en Nairobi. Ha salido la casa de Karen Blixen, un recorte de vídeo de unos segundos que me han removido y que no han sido suficientes para oler lo que me pasea por la vista. He ido a mi estantería y he recolocado la mitad de los libros hasta dar con él. Entonces recordé su olor y su sabor, antaño abandonados en mi pedante adolescencia que nunca supo ser elegante, como ella es.
Tenía seis mil acres de tierra y, por tanto, mucho terreno sobrante, además del cafetal. Parte de la granja era bosque nativo y unos mil acres tierras de aparceros, a los que llamaban shambas. Los aparceros eran nativos que, con sus familias, tenían unos cuantos acres en la granja de un hombre blanco y a cambio trabajaban para él un cierto número de días al año. Me parece que mis aparceros veían la relación de una manera diferente, porque muchos habían nacido en la granja, al igual que sus padres, y muy probablemente me consideraban una especie de aparcera superior asentada en sus propiedades.
lunes, 6 de diciembre de 2010
AENA
"No estoy dispuesto a discutir de esto ahora" -fué la sentencia de muerte a la conversación en la oscuridad. Yo me giré y me cubrí con la manta, encantado de no discutir.
El aire del fin de semana estaba viciado desde el principio. Yo, en lugar del avión. Yo, y otra vez yo al día siguiente. Yo también necesito descansar de mí.
Oh... let the rain fall down
and wash this world away
Oh... let the sky be grey
'Cos if it's ever gonna get any better
it's gotta get worse for a day
El aire del fin de semana estaba viciado desde el principio. Yo, en lugar del avión. Yo, y otra vez yo al día siguiente. Yo también necesito descansar de mí.
Oh... let the rain fall down
and wash this world away
Oh... let the sky be grey
'Cos if it's ever gonna get any better
it's gotta get worse for a day
martes, 9 de noviembre de 2010
La Cena
He visto hoy los montones de basura hundiéndose en barro en Haití, seis meses después del desastre. Me pregunto qué nos separa de no poder llevar las cosas al día. Qué milagro mantiene el orden suficiente para que la basura desaparezca a diario de nuestras narices. Dónde irá toda esa mierda. Qué tiene que pasar para que un día vuelva.
He terminado de leer La Cena, de Herman Koch. Un libro inquietante. Lejos de quedarme en la eterna cuestión de qué estamos haciendo con los hijos -siempre los de ellos-, me pregunto hasta qué punto tengo derecho a reclamar el copyright del autocontrol. Por qué me marco en la casilla de apto, y qué diferencia hay cuando tacho a alguien al verle perder los estribos o justificarse con un argumento que a mis ojos es claramente estúpido. Por qué esperamos que siempre haya quien juzgue con justicia los actos del ser humano. Por qué los baremos pluralmente aceptados son apropiados. Por qué eso nos tranquiliza.
Quizás no sea necesario. Tal vez el concepto "tener derecho a" es una idea estúpida, inventada para convencernos de que algo nos protege. El Leviatán de Hobbes, una vez más. En cualquier caso -y con total seguridad- tener derecho a algo es incompatible con los actos de amor.
No soy quién para condenar una padre que abre la cabeza a puñetazos a un profesor. No puedo opinar. No sé si se mueve por amor, por ira, por una razón absurda o por puro caos. Y me da miedo no poder hacerlo. Admitir que estoy a merced del caos y el sinsentido.
También me preocupa no ser capaz de llevar al día mi casa. Como Haití.
He terminado de leer La Cena, de Herman Koch. Un libro inquietante. Lejos de quedarme en la eterna cuestión de qué estamos haciendo con los hijos -siempre los de ellos-, me pregunto hasta qué punto tengo derecho a reclamar el copyright del autocontrol. Por qué me marco en la casilla de apto, y qué diferencia hay cuando tacho a alguien al verle perder los estribos o justificarse con un argumento que a mis ojos es claramente estúpido. Por qué esperamos que siempre haya quien juzgue con justicia los actos del ser humano. Por qué los baremos pluralmente aceptados son apropiados. Por qué eso nos tranquiliza.
Quizás no sea necesario. Tal vez el concepto "tener derecho a" es una idea estúpida, inventada para convencernos de que algo nos protege. El Leviatán de Hobbes, una vez más. En cualquier caso -y con total seguridad- tener derecho a algo es incompatible con los actos de amor.
No soy quién para condenar una padre que abre la cabeza a puñetazos a un profesor. No puedo opinar. No sé si se mueve por amor, por ira, por una razón absurda o por puro caos. Y me da miedo no poder hacerlo. Admitir que estoy a merced del caos y el sinsentido.
También me preocupa no ser capaz de llevar al día mi casa. Como Haití.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Vintage
Hoy las nubes de Madrid son de los 70. El cielo celeste muerto parece una foto Polaroid recién desempolvada, redescubierta al fondo del cajón de las fotos del sinfonier del salón en el que nunca se está, porque si te sientas en el sofá y pones los dedazos en la mesa de centro dejas marca, y ya no está para las visitas.
Madrid, 70. El sol sobre cristal del parabrisas hace un rayo raro que, mezclado con la mierda, se convierte en un bonito halo cromático que evoca hechos perdidos en el tiempo hace ya mucho tiempo.
Hasta los barrotes de las ventanas de la calle Orense pueden conmigo. Qué ansiedad.
Madrid, 70. El sol sobre cristal del parabrisas hace un rayo raro que, mezclado con la mierda, se convierte en un bonito halo cromático que evoca hechos perdidos en el tiempo hace ya mucho tiempo.
Hasta los barrotes de las ventanas de la calle Orense pueden conmigo. Qué ansiedad.
martes, 22 de junio de 2010
Fotos pisoteadas
La foto que titula este blog no es casual.
La foto que titula este blog no está necesariamente vinculada a su significado.
Este blog no significa necesariamente algo redondo y completo.
Este blog no es casual.
La foto de este blog evoca mi lado más nómada, el que me convierte en algo vivo y ligero cuando pisa un aeropuerto.
La foto del blog está pisada por el título, El cajón del agua.
El título del blog está totalmente vinculado su significado.
El título del blog es circular y se repite eternamente.
El cajón del agua no cabe en la basura.
El cajón del agua es mi lado sedentario, lo que me sienta en una incómoda silla y me maniata a lo que he sido hasta este preciso instante. Éste mismo lugar y momento en que estoy tecleando esta estupidez.
La foto que titula este blog no está necesariamente vinculada a su significado.
Este blog no significa necesariamente algo redondo y completo.
Este blog no es casual.
La foto de este blog evoca mi lado más nómada, el que me convierte en algo vivo y ligero cuando pisa un aeropuerto.
La foto del blog está pisada por el título, El cajón del agua.
El título del blog está totalmente vinculado su significado.
El título del blog es circular y se repite eternamente.
El cajón del agua no cabe en la basura.
El cajón del agua es mi lado sedentario, lo que me sienta en una incómoda silla y me maniata a lo que he sido hasta este preciso instante. Éste mismo lugar y momento en que estoy tecleando esta estupidez.
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