En la inercia no hay respuestas, hay que intervenir para moldear el destino.
Un intervención de Banco de España ha roto la inercia. Yo camino en traje de raya diplomática por un complejo industrial, haciendo tiempo para una entrevista. Porque he llegado antes. Antes de que las calles estén puestas y con el aplomo del primer rayo de sol de la primavera.
En mis pasos lentos y pausados he recordado el mes funambulista del aterrizaje en Madrid en el que no tenía nada, y vagaba por Madrid en busca de mi nuevo yo, Segundamano en mano. Al menos era Madrid. Hoy se trata de un descampado sin desbrozar. El agravio comparativo está ahí, pienso, mientras observo un gorrión muerto y descabezado en una de las aceras de mi paseo.
Hora y media de reconocimiento con la directora de recursos humanos. Un resumen de mis aptitudes. Un trabajo cruel encima de la mesa. De esos que te encapsulan en la soledad, de los que tomas consciencia a la hora de comer, cuando nadie te acompaña.
De vuelta en la calle, el gorrión muerto y descabezado en la misma acera de la puerta que representa mi salto al vacío.
Hay que tomar nota de las señales, y me ha pillado sin cuaderno.
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jueves, 23 de abril de 2015
viernes, 13 de enero de 2012
La Última Primavera (o la Menstruación de la edad de Nadie)
Dicen que los que van a morir tienen un baño de lucidez en los días previos al deceso. Y yo no sé si estoy mudando piel o si voy a morirme pronto, el hecho es que de unos días para acá tengo descontrol emocional y una posición tan desequilibrada como clarividente ante los hechos inexorables que van cayendo como bloques de hormigón lanzados por lo menos desde Plutón en medio de una playa inmensa. Y a lo mejor me estoy muriendo y por eso lo veo todo en el sitio en el que está. Y a lo mejor sólo es una muda que tengo que hacer para que me salgan las nuevas alas. Una suerte de menstruación vírica que dura unos días y cuando dejas de sangrar has subido cien peldaños.
Se acaba la paciencia más por inercia que por estrés.
En un estanque donde el agua es la misma desde hace años.
Hay que salir de aquí, arpón en mano.
Se acaba la paciencia más por inercia que por estrés.
En un estanque donde el agua es la misma desde hace años.
Hay que salir de aquí, arpón en mano.
martes, 22 de noviembre de 2011
Sobrevivir a la Propaganda
Desde pequeño las imágenes en blanco y negro me han trasladado lejanía e irrealidad. Las fotos de los ancestros, deterioradas y sin nitidez, me separaban del pasado mucho más tiempo del que era en realidad. Sin embargo, la segunda guerra mundial no dista del año en que nací mucho más que mi edad. Y, sin alejarse tanto, el horror está tan cerca nuestra que ha ocurrido hoy mismo en cualquier sitio del mundo.
Ver el vídeo de la muerte de Gadafi, a Hitler en color planificando campañas sonriendo como si fuera una imagen de las noticias; o a Winston Churchill, de ser un nombre impreso en un papel, a ser una persona cualquiera con quien me podría tropezar. ¿A quién no le perturba?
Y tal vez, si hubiera sido un joven alemán, me habría parecido lógico humillar a los ganadores de las guerras anteriores. Me habría dejado llevar con pasión por el engaño de la propaganda de Adolf, igual que de niño me dejé atrapar por propagandas contemporáneas que no me llevaron a ningún sitio. Siempre es mucha gente gritándose lo mismo unos a otros. El poder del sincronismo. La protección del grupo, que se convierte en río.
Haber sobrevivido y ser consciente de haberlo hecho. Por eso soy libre.
viernes, 28 de octubre de 2011
Islandia
El mundo fue un sitio que no dominaba el hombre.
Donde hubo lugares a los que se podía ir y que no hubiera nadie más.
En los Cliffs de Moher, cuando me asomé al precipicio y las gotas del mar volaban hacia arriba.
Y yo quería volar.
Cuando Sanlúcar se terminaba, porque se la comía el mar.
Terrones de tierra comidos a bocados.
Montañas enteras. Dónde están.
Mis padres. El Renault 7. El mar royendo la parcela del acantilado.
Las propiedades al carajo.
Un faro borroso.
El viento.
Todo eso. Dónde está.
Donde hubo lugares a los que se podía ir y que no hubiera nadie más.
En los Cliffs de Moher, cuando me asomé al precipicio y las gotas del mar volaban hacia arriba.
Y yo quería volar.
Cuando Sanlúcar se terminaba, porque se la comía el mar.
Terrones de tierra comidos a bocados.
Montañas enteras. Dónde están.
Mis padres. El Renault 7. El mar royendo la parcela del acantilado.
Las propiedades al carajo.
Un faro borroso.
El viento.
Todo eso. Dónde está.
lunes, 10 de octubre de 2011
Mudas sucias
Estoy entre que algo ha cambiado y que sigo a medias de todo.
Hoy termina un proceso que empezó hace dos meses y medio, cuando me caí de la bici en el Puerto de Santa María. Esa tarde mi mente temblorosa vacilaba entre comprender lo que significaba tener reventado el radio del brazo derecho e inducir tranquilidad en los corazones de mis padres. Mis padres, a mi lado en todo momento, intentaron comportarse como si yo siguiese teniendo doce años. Mamá explicó al médico que yo siempre había sido muy sufrido y soportaba muy bien el dolor.
G. estaba en todas partes. En Cádiz, en Madrid, en el desierto. Antes de entrar en el quirófano. Tras mis párpados al salir de allí. Sólo estuvo él, su pánico al volante y mi familia al otro lado del teléfono.
He crecido durante semanas en el fisioterapeuta.
He sacado adelante un examen pendiente.
He intentado comprender por qué no soy escritor.
He esperado en vano sentado en la ventana la llegada del olor a lluvia.
He ido y vuelto aquí y allá varias veces.
Mi casa ya no está llena de pelos de gato.
Han vuelto las plantas sin nombre.
Y yo me arrancaría trozos de piel muerta.
Hoy termina un proceso que empezó hace dos meses y medio, cuando me caí de la bici en el Puerto de Santa María. Esa tarde mi mente temblorosa vacilaba entre comprender lo que significaba tener reventado el radio del brazo derecho e inducir tranquilidad en los corazones de mis padres. Mis padres, a mi lado en todo momento, intentaron comportarse como si yo siguiese teniendo doce años. Mamá explicó al médico que yo siempre había sido muy sufrido y soportaba muy bien el dolor.
G. estaba en todas partes. En Cádiz, en Madrid, en el desierto. Antes de entrar en el quirófano. Tras mis párpados al salir de allí. Sólo estuvo él, su pánico al volante y mi familia al otro lado del teléfono.
He crecido durante semanas en el fisioterapeuta.
He sacado adelante un examen pendiente.
He intentado comprender por qué no soy escritor.
He esperado en vano sentado en la ventana la llegada del olor a lluvia.
He ido y vuelto aquí y allá varias veces.
Mi casa ya no está llena de pelos de gato.
Han vuelto las plantas sin nombre.
Y yo me arrancaría trozos de piel muerta.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Adolescencia tecnológica
La época en la que sólo algunos tenían portátil y los mortales hacían corrillo alrededor. O incluso antes, cuando alguien tenía grabadora y lo juegos se pirateaban emulando lectores de CD. Como nadie podía montar en su casa una red Novell con cables coaxiales y tarjetas de red con T, una partida en red se hacía con un cable serie RS 232 de 20 metros. Las noches de DOOM nunca terminaban, la droga del uno contra uno. Los ejércitos del Command & Conquer que había que colocar estratégicamente antes de lanzar un primer y escuálido ataque. Ahora el misterio dura menos. Un móvil hace más que una LAN conectada a una WAN con un transceiver cableado con 100 BASE T. Todo lo que podía hacer un i80486 ahora lo hace un gracioso programita en flash.
Pero todo es mentira. Todo es simulación. No hemos conseguido nada. Todo son hologramas, proyecciones, traducciones, intérpretes, entornos, virtualización, frontales y Social Media. Lo único que aún queda de todo aquello que hemos superado es el teclado. La distancia entre un teclado y una pirámide de Egipto no es tanta. Y el Hombre Qwerty aún no ha sido capaz de superar lo que el Hombre que creía en Dios fue capaz de hacer. Y aún hay quien no duda que en quince años dejaremos de ser el Hombre Qwerty, cambiando el teclado por naves espaciales. No tendremos que superar antes el Interfaz? ¿O quizás no veo lo suficiente Redes?
Pero todo es mentira. Todo es simulación. No hemos conseguido nada. Todo son hologramas, proyecciones, traducciones, intérpretes, entornos, virtualización, frontales y Social Media. Lo único que aún queda de todo aquello que hemos superado es el teclado. La distancia entre un teclado y una pirámide de Egipto no es tanta. Y el Hombre Qwerty aún no ha sido capaz de superar lo que el Hombre que creía en Dios fue capaz de hacer. Y aún hay quien no duda que en quince años dejaremos de ser el Hombre Qwerty, cambiando el teclado por naves espaciales. No tendremos que superar antes el Interfaz? ¿O quizás no veo lo suficiente Redes?
miércoles, 4 de mayo de 2011
Volver a encender un pitillo
Algo que ya existe en algún sitio.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.
De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.
Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.
De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.
Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.
martes, 22 de junio de 2010
Fotos pisoteadas
La foto que titula este blog no es casual.
La foto que titula este blog no está necesariamente vinculada a su significado.
Este blog no significa necesariamente algo redondo y completo.
Este blog no es casual.
La foto de este blog evoca mi lado más nómada, el que me convierte en algo vivo y ligero cuando pisa un aeropuerto.
La foto del blog está pisada por el título, El cajón del agua.
El título del blog está totalmente vinculado su significado.
El título del blog es circular y se repite eternamente.
El cajón del agua no cabe en la basura.
El cajón del agua es mi lado sedentario, lo que me sienta en una incómoda silla y me maniata a lo que he sido hasta este preciso instante. Éste mismo lugar y momento en que estoy tecleando esta estupidez.
La foto que titula este blog no está necesariamente vinculada a su significado.
Este blog no significa necesariamente algo redondo y completo.
Este blog no es casual.
La foto de este blog evoca mi lado más nómada, el que me convierte en algo vivo y ligero cuando pisa un aeropuerto.
La foto del blog está pisada por el título, El cajón del agua.
El título del blog está totalmente vinculado su significado.
El título del blog es circular y se repite eternamente.
El cajón del agua no cabe en la basura.
El cajón del agua es mi lado sedentario, lo que me sienta en una incómoda silla y me maniata a lo que he sido hasta este preciso instante. Éste mismo lugar y momento en que estoy tecleando esta estupidez.
miércoles, 2 de junio de 2010
El lavavajillas
Las dos veces que he intentado terminarme las Memorias de Adriano me he quedado en el camino. Siempre termino revoloteando sobre las notas anexas de Marguerite que vienen al final del libro donde explica el porqué de todo, y al final el libro vuelve a coger polvo.
Afortunadamente ese par de veces he leído el principio, cuando Adriano reflexiona sobre cómo se va pudriendo su cuerpo poco a poco, cómo lo percibe, cómo habla de los olores o cómo su médico personal intenta justificar que es el médico del emperador viajando absurdamente para conseguir hierbas absurdas que nunca le curarán de nada.
Desde entonces, cada mucho, esos pensamientos recurren en mi cabeza. Y hoy, que llevo ya tres semanas sin fumar; hoy, que llamé a los de Fagor para arreglar el lavavajillas un año después de que se rompiera: hoy, que es un día-espejismo donde mi vida parece un puzzle con piezas que encajan, he vuelto a pensar en Adriano y el olor de su muerte.
Afortunadamente ese par de veces he leído el principio, cuando Adriano reflexiona sobre cómo se va pudriendo su cuerpo poco a poco, cómo lo percibe, cómo habla de los olores o cómo su médico personal intenta justificar que es el médico del emperador viajando absurdamente para conseguir hierbas absurdas que nunca le curarán de nada.
Desde entonces, cada mucho, esos pensamientos recurren en mi cabeza. Y hoy, que llevo ya tres semanas sin fumar; hoy, que llamé a los de Fagor para arreglar el lavavajillas un año después de que se rompiera: hoy, que es un día-espejismo donde mi vida parece un puzzle con piezas que encajan, he vuelto a pensar en Adriano y el olor de su muerte.
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