Hoy las nubes de Madrid son de los 70. El cielo celeste muerto parece una foto Polaroid recién desempolvada, redescubierta al fondo del cajón de las fotos del sinfonier del salón en el que nunca se está, porque si te sientas en el sofá y pones los dedazos en la mesa de centro dejas marca, y ya no está para las visitas.
Madrid, 70. El sol sobre cristal del parabrisas hace un rayo raro que, mezclado con la mierda, se convierte en un bonito halo cromático que evoca hechos perdidos en el tiempo hace ya mucho tiempo.
Hasta los barrotes de las ventanas de la calle Orense pueden conmigo. Qué ansiedad.
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