miércoles, 25 de mayo de 2011

Adolescencia tecnológica

La época en la que sólo algunos tenían portátil y los mortales hacían corrillo alrededor. O incluso antes, cuando alguien tenía grabadora y lo juegos se pirateaban emulando lectores de CD. Como nadie podía montar en su casa una red Novell con cables coaxiales y tarjetas de red con T, una partida en red se hacía con un cable serie RS 232 de 20 metros. Las noches de DOOM nunca terminaban, la droga del uno contra uno. Los ejércitos del Command & Conquer que había que colocar estratégicamente antes de lanzar un primer y escuálido ataque. Ahora el misterio dura menos. Un móvil hace más que una LAN conectada a una WAN con un transceiver cableado con 100 BASE T. Todo lo que podía hacer un i80486 ahora lo hace un gracioso programita en flash.

Pero todo es mentira. Todo es simulación. No hemos conseguido nada. Todo son hologramas, proyecciones, traducciones, intérpretes, entornos, virtualización, frontales y Social Media. Lo único que aún queda de todo aquello que hemos superado es el teclado. La distancia entre un teclado y una pirámide de Egipto no es tanta. Y el Hombre Qwerty aún no ha sido capaz de superar lo que el Hombre que creía en Dios fue capaz de hacer. Y aún hay quien no duda que en quince años dejaremos de ser el Hombre Qwerty, cambiando el teclado por naves espaciales. No tendremos que superar antes el Interfaz? ¿O quizás no veo lo suficiente Redes?

lunes, 23 de mayo de 2011

Carril bici

¿Por qué podría poner alguien -un crío adolescente destartalado, irresponsable a todas luces- una hoja de nosequé árbol, con mucha clorofila y que traspasa algo de luz, pero muy verde y muy grande, sobre un hormiguero al que le está dando el sol?

Ni siquiera iba solo. Iban tres, aumentando la probabilidad considerablemente de idiotizar. Iban a ningún sitio. Él, el más largo, el que andaba peor. En la mano bailando arriba y abajo la tremenda hoja verde. Y el hormiguero se cruzó en su camino. Y paf. Ahí la plantó.

Mis paseos en bici son reveladores.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El Visionario

Lo que más miedo me da de volver a estancias del pasado es no reconocerlas. Que el sitio ya sea otro. Por eso, y no por lo fantasmas, volver a lo que de niño era mi casa se me hace cuesta arriba. Son las erupciones cutáneas que los médicos no saben explicar, estos pequeños granos en la vida que van por ahí sin cabos a los que agarrarse. Son una torta en la cara que me grita que no tengo el timón. El visionario de Las Horas se lanzó por la ventana porque no pudo soportarlo más. Quizás podamos clasificarnos en quienes aún lo soportan y quienes ya no.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Volver a encender un pitillo

Algo que ya existe en algún sitio.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.


De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.


Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.