martes, 9 de noviembre de 2010

La Cena

He visto hoy los montones de basura hundiéndose en barro en Haití, seis meses después del desastre. Me pregunto qué nos separa de no poder llevar las cosas al día. Qué milagro mantiene el orden suficiente para que la basura desaparezca a diario de nuestras narices. Dónde irá toda esa mierda. Qué tiene que pasar para que un día vuelva.

He terminado de leer La Cena, de Herman Koch. Un libro inquietante. Lejos de quedarme en la eterna cuestión de qué estamos haciendo con los hijos -siempre los de ellos-, me pregunto hasta qué punto tengo derecho a reclamar el copyright del autocontrol. Por qué me marco en la casilla de apto, y qué diferencia hay cuando tacho a alguien al verle perder los estribos o justificarse con un argumento que a mis ojos es claramente estúpido. Por qué esperamos que siempre haya quien juzgue con justicia los actos del ser humano. Por qué los baremos pluralmente aceptados son apropiados. Por qué eso nos tranquiliza.

Quizás no sea necesario. Tal vez el concepto "tener derecho a" es una idea estúpida, inventada para convencernos de que algo nos protege. El Leviatán de Hobbes, una vez más. En cualquier caso -y con total seguridad- tener derecho a algo es incompatible con los actos de amor.

No soy quién para condenar una padre que abre la cabeza a puñetazos a un profesor. No puedo opinar. No sé si se mueve por amor, por ira, por una razón absurda o por puro caos. Y me da miedo no poder hacerlo. Admitir que estoy a merced del caos y el sinsentido.

También me preocupa no ser capaz de llevar al día mi casa. Como Haití.