La foto que titula este blog no es casual.
La foto que titula este blog no está necesariamente vinculada a su significado.
Este blog no significa necesariamente algo redondo y completo.
Este blog no es casual.
La foto de este blog evoca mi lado más nómada, el que me convierte en algo vivo y ligero cuando pisa un aeropuerto.
La foto del blog está pisada por el título, El cajón del agua.
El título del blog está totalmente vinculado su significado.
El título del blog es circular y se repite eternamente.
El cajón del agua no cabe en la basura.
El cajón del agua es mi lado sedentario, lo que me sienta en una incómoda silla y me maniata a lo que he sido hasta este preciso instante. Éste mismo lugar y momento en que estoy tecleando esta estupidez.
martes, 22 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
Seis
Hoy, trasteando en la cocina, he mirado el cenicero que hay junto al tostador. Llevo más de un mes sin fumar, pero sigo teniendo un fumadero en la cocina para G. Yo soy su casa; y conozco cómo puede crisparse un fumador en entornos hostiles.
Por eso los cigarros que fumó la última vez que estuvo aquí aún estaban en el cenicero. Y fue la primera vez que vi cigarros apagados por G. a la mitad.
Por eso los cigarros que fumó la última vez que estuvo aquí aún estaban en el cenicero. Y fue la primera vez que vi cigarros apagados por G. a la mitad.
miércoles, 2 de junio de 2010
El lavavajillas
Las dos veces que he intentado terminarme las Memorias de Adriano me he quedado en el camino. Siempre termino revoloteando sobre las notas anexas de Marguerite que vienen al final del libro donde explica el porqué de todo, y al final el libro vuelve a coger polvo.
Afortunadamente ese par de veces he leído el principio, cuando Adriano reflexiona sobre cómo se va pudriendo su cuerpo poco a poco, cómo lo percibe, cómo habla de los olores o cómo su médico personal intenta justificar que es el médico del emperador viajando absurdamente para conseguir hierbas absurdas que nunca le curarán de nada.
Desde entonces, cada mucho, esos pensamientos recurren en mi cabeza. Y hoy, que llevo ya tres semanas sin fumar; hoy, que llamé a los de Fagor para arreglar el lavavajillas un año después de que se rompiera: hoy, que es un día-espejismo donde mi vida parece un puzzle con piezas que encajan, he vuelto a pensar en Adriano y el olor de su muerte.
Afortunadamente ese par de veces he leído el principio, cuando Adriano reflexiona sobre cómo se va pudriendo su cuerpo poco a poco, cómo lo percibe, cómo habla de los olores o cómo su médico personal intenta justificar que es el médico del emperador viajando absurdamente para conseguir hierbas absurdas que nunca le curarán de nada.
Desde entonces, cada mucho, esos pensamientos recurren en mi cabeza. Y hoy, que llevo ya tres semanas sin fumar; hoy, que llamé a los de Fagor para arreglar el lavavajillas un año después de que se rompiera: hoy, que es un día-espejismo donde mi vida parece un puzzle con piezas que encajan, he vuelto a pensar en Adriano y el olor de su muerte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)