lunes, 20 de abril de 2015

Vomitorio

Debería retomar este blog. Aunque sólo sea por no empeñarme en anegar el libro que no voy a escribir con todo lo que se atraganta en mi organismo y que necesito esparcir.

domingo, 29 de abril de 2012

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viernes, 13 de enero de 2012

La Última Primavera (o la Menstruación de la edad de Nadie)

Dicen que los que van a morir tienen un baño de lucidez en los días previos al deceso. Y yo no sé si estoy mudando piel o si voy a morirme pronto, el hecho es que de unos días para acá tengo descontrol emocional y una posición tan desequilibrada como clarividente ante los hechos inexorables que van cayendo como bloques de hormigón lanzados por lo menos desde Plutón en medio de una playa inmensa. Y a lo mejor me estoy muriendo y por eso lo veo todo en el sitio en el que está. Y a lo mejor sólo es una muda que tengo que hacer para que me salgan las nuevas alas. Una suerte de menstruación vírica que dura unos días y cuando dejas de sangrar has subido cien peldaños.


Se acaba la paciencia más por inercia que por estrés.
En un estanque donde el agua es la misma desde hace años.
Hay que salir de aquí, arpón en mano.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Aurora Borealis


Son esas personas que se escapan de su cuerpo por los poros de la piel. Como nadie supo explicarlo hemos inventado un nombre: aura. Son quienes siguen vivos aún después de morir porque su aura lo sacó de su cuerpo y se quedó entre nosotros. Son quienes llenan nuestros huecos yermos. Son quienes siguen llenándolos años después de haberse ido. La Existencia que deja olores que se siguen percibiendo cuando cierras los ojos.

El resto, nosotros, dedicamos nuestra vida a inventar nombres que expliquen lo que ellos han dejado por aquí, junto al único don que nos corresponde: la capacidad de reconocerlos.


martes, 22 de noviembre de 2011

Sobrevivir a la Propaganda


Desde pequeño las imágenes en blanco y negro me han trasladado lejanía e irrealidad. Las fotos de los ancestros, deterioradas y sin nitidez, me separaban del pasado mucho más tiempo del que era en realidad. Sin embargo, la segunda guerra mundial no dista del año en que nací mucho más que mi edad. Y, sin alejarse tanto, el horror está tan cerca nuestra que ha ocurrido hoy mismo en cualquier sitio del mundo.

Ver el vídeo de la muerte de Gadafi, a Hitler en color planificando campañas sonriendo como si fuera una imagen de las noticias; o a Winston Churchill, de ser un nombre impreso en un papel, a ser una persona cualquiera con quien me podría tropezar. ¿A quién no le perturba?

Y tal vez, si hubiera sido un joven alemán, me habría parecido lógico humillar a los ganadores de las guerras anteriores. Me habría dejado llevar con pasión por el engaño de la propaganda de Adolf, igual que de niño me dejé atrapar por propagandas contemporáneas que no me llevaron a ningún sitio. Siempre es mucha gente gritándose lo mismo unos a otros. El poder del sincronismo. La protección del grupo, que se convierte en río.

Haber sobrevivido y ser consciente de haberlo hecho. Por eso soy libre.



viernes, 28 de octubre de 2011

Islandia

El mundo fue un sitio que no dominaba el hombre.

Donde hubo lugares a los que se podía ir y que no hubiera nadie más.

En los Cliffs de Moher, cuando me asomé al precipicio y las gotas del mar volaban hacia arriba.
Y yo quería volar.

Cuando Sanlúcar se terminaba, porque se la comía el mar.
Terrones de tierra comidos a bocados.
Montañas enteras. Dónde están.

Mis padres. El Renault 7. El mar royendo la parcela del acantilado.
Las propiedades al carajo. 
Un faro borroso.
El viento.

Todo eso. Dónde está.

lunes, 10 de octubre de 2011

Mudas sucias

Estoy entre que algo ha cambiado y que sigo a medias de todo.

Hoy termina un proceso que empezó hace dos meses y medio, cuando me caí de la bici en el Puerto de Santa María. Esa tarde mi mente temblorosa vacilaba entre comprender lo que significaba tener reventado el radio del brazo derecho e inducir tranquilidad en los corazones de mis padres. Mis padres, a mi lado en todo momento, intentaron comportarse como si yo siguiese teniendo doce años. Mamá explicó al médico que yo siempre había sido muy sufrido y soportaba muy bien el dolor.

G. estaba en todas partes. En Cádiz, en Madrid, en el desierto. Antes de entrar en el quirófano. Tras mis párpados al salir de allí. Sólo estuvo él, su pánico al volante y mi familia al otro lado del teléfono. 

He crecido durante semanas en el fisioterapeuta.
He sacado adelante un examen pendiente.
He intentado comprender por qué no soy escritor.
He esperado en vano sentado en la ventana la llegada del olor a lluvia.
He ido y vuelto aquí y allá varias veces.
Mi casa ya no está llena de pelos de gato.
Han vuelto las plantas sin nombre.

Y yo me arrancaría trozos de piel muerta.