miércoles, 18 de mayo de 2011

El Visionario

Lo que más miedo me da de volver a estancias del pasado es no reconocerlas. Que el sitio ya sea otro. Por eso, y no por lo fantasmas, volver a lo que de niño era mi casa se me hace cuesta arriba. Son las erupciones cutáneas que los médicos no saben explicar, estos pequeños granos en la vida que van por ahí sin cabos a los que agarrarse. Son una torta en la cara que me grita que no tengo el timón. El visionario de Las Horas se lanzó por la ventana porque no pudo soportarlo más. Quizás podamos clasificarnos en quienes aún lo soportan y quienes ya no.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Volver a encender un pitillo

Algo que ya existe en algún sitio.
Algo que no puedo inventar.
Extraerlo despacio, con cuidado.
Ileso.


De opaco a translúcido.
De translúcido a borroso.
De borroso a enfocado.


Escribir algo que me rebase, que no pueda alcanzar.
Escribir algo que ya existe en algún sitio,
algo que nadie ha visto y que no sé dónde está.


miércoles, 30 de marzo de 2011

¿La luz naranja de mi cuarto de baño?

¿De verdad he escrito eso? ¿En qué estaba pensando?

lunes, 21 de febrero de 2011

Casualidad Imposible

Quién ha dicho que alguien no pueda demostrar que el accidente casual no era más que un asesinato mal planificado.

martes, 14 de diciembre de 2010

Mi corbata de hoy...

... tiende a darse la vuelta, mostrando su peor cara en el momento más inapropiado. La acompaña, además, cualquiera de mis camisas que se encapriche y escape al cinturón, descubriendo mi flotadorcillo avergonzante. Y en tres plantas de ascensor nunca tengo tiempo de arreglarlo. Sería sencillo con diez kilos menos. Podría volver. Volver a algo... a un sitio donde, incapaz de reconocer precisamente ahora, podría hacerme sentir a gusto.

Callejeros hoy ha estado en Nairobi. Ha salido la casa de Karen Blixen, un recorte de vídeo de unos segundos que me han removido y que no han sido suficientes para oler lo que me pasea por la vista. He ido a mi estantería y he recolocado la mitad de los libros hasta dar con él. Entonces recordé su olor y su sabor, antaño abandonados en mi pedante adolescencia que nunca supo ser elegante, como ella es.

Tenía seis mil acres de tierra y, por tanto, mucho terreno sobrante, además del cafetal. Parte de la granja era bosque nativo y unos mil acres tierras de aparceros, a los que llamaban shambas. Los aparceros eran nativos que, con sus familias, tenían unos cuantos acres en la granja de un hombre blanco y a cambio trabajaban para él un cierto número de días al año. Me parece que mis aparceros veían la relación de una manera diferente, porque muchos habían nacido en la granja, al igual que sus padres, y muy probablemente me consideraban una especie de aparcera superior asentada en sus propiedades.

lunes, 6 de diciembre de 2010

AENA

"No estoy dispuesto a discutir de esto ahora" -fué la sentencia de muerte a la conversación en la oscuridad. Yo me giré y me cubrí con la manta, encantado de no discutir.

El aire del fin de semana estaba viciado desde el principio. Yo, en lugar del avión. Yo, y otra vez yo al día siguiente. Yo también necesito descansar de mí.

Oh... let the rain fall down
and wash this world away
Oh... let the sky be grey
'Cos if it's ever gonna get any better
it's gotta get worse for a day

martes, 9 de noviembre de 2010

La Cena

He visto hoy los montones de basura hundiéndose en barro en Haití, seis meses después del desastre. Me pregunto qué nos separa de no poder llevar las cosas al día. Qué milagro mantiene el orden suficiente para que la basura desaparezca a diario de nuestras narices. Dónde irá toda esa mierda. Qué tiene que pasar para que un día vuelva.

He terminado de leer La Cena, de Herman Koch. Un libro inquietante. Lejos de quedarme en la eterna cuestión de qué estamos haciendo con los hijos -siempre los de ellos-, me pregunto hasta qué punto tengo derecho a reclamar el copyright del autocontrol. Por qué me marco en la casilla de apto, y qué diferencia hay cuando tacho a alguien al verle perder los estribos o justificarse con un argumento que a mis ojos es claramente estúpido. Por qué esperamos que siempre haya quien juzgue con justicia los actos del ser humano. Por qué los baremos pluralmente aceptados son apropiados. Por qué eso nos tranquiliza.

Quizás no sea necesario. Tal vez el concepto "tener derecho a" es una idea estúpida, inventada para convencernos de que algo nos protege. El Leviatán de Hobbes, una vez más. En cualquier caso -y con total seguridad- tener derecho a algo es incompatible con los actos de amor.

No soy quién para condenar una padre que abre la cabeza a puñetazos a un profesor. No puedo opinar. No sé si se mueve por amor, por ira, por una razón absurda o por puro caos. Y me da miedo no poder hacerlo. Admitir que estoy a merced del caos y el sinsentido.

También me preocupa no ser capaz de llevar al día mi casa. Como Haití.